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«Tan bonita y tan solita» – El terror del acoso callejero

A diario en el mundo las mujeres tenemos que soportar comentarios morbosos, burlas en la calle, “piropos” que realmente pasan a ser agresiones verbales. La cosa es tan grave y molesta que el abuso en ocasiones pasa a ser físico, como llegar al punto del manoseo. De acuerdo al SPOA (Sistema de Información para el Sistema Penal Oral Acusatorio), solo en 2017 se registraron 2.237 casos de acoso sexual a nivel nacional.


Lo que todos deben saber es que lo que para ‘algunos’ es un halago, para muchas de nosotras estas actitudes son realmente un mecanismo de intimidación, vejación, y ofensa a la integridad física y moral, ya que muy pocas, en ocasiones nos atrevemos a enfrentar a nuestro agresor por el miedo a ser agredidas y/o violentadas.


La Licenciada en sociología María Cristina Más Bator de la Universidad de la República de Montevideo dice en su tesis que “El hombre en la vía pública no siente la debilidad y desprotección que siente la mujer, ya que él ha sido criado en el ámbito público haciéndolo dueño del mismo, controlando y ejerciendo su poder sobre la mujer”.


Las afirmaciones de María Cristina reflejan un poco la realidad de nuestra cultura, si bien es cierto que el acoso y el machismo no son problemas exclusivos de nuestro país, sucede mucho que en nuestra realidad, para muchas de nosotras el sólo hecho de ser mujer nos hace vulnerables ante cualquier situación. Nuestra sociedad machista y especialmente la llanera nos ha impuesto una serie de estigmas que han condicionado el sólo hecho de que seamos mujeres.


Una mujer por ejemplo no puede vestirse a su gusto o usar una prenda escotada, porque si la violan entonces es normal escuchar frases como “ella se lo buscó por andar mostrando el culo”, o “es que ella lo provocó”, enmarcando al género femenino más como un objeto de posesión y no como un ser al que se le vulneran sus derechos como persona y sobre todo como mujer.


Hace algunas semanas atrás, una persona muy cercana tuvo que ir hasta el ‘parque de la macarena’ para esperar a un familiar que llegaba en horas de la madrugada; mientras esperaba, un grupo de desconocidos empezaron a asediarla con piques de ojo y miradas morbosas, como si toda la que estuviera en ese parque a esa hora tuviera que estar dispuesta a soportar este tipo de acoso. El estigma es tan palpante que estamos condicionadas, por cómo vestimos, por con quién andamos y por el lugar en el que incluso nos paramos.

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Ser mesera, por ejemplo a muchas las convierte en un blanco fácil para ser tocadas y/o morboseadas por los clientes ebrios y no ebrios que tienen el descaro de ofrecer deliberadamente dinero a cambio de servicios sexuales, como si ser mesera fuese un sinónimo de ser “puta”, claramente sin ofender el oficio de las prostitutas. Negarse a ello o exigir respeto provoca en la mayoría de los casos que le digan a uno puta, perra y demás comentarios misóginos, lo digo por experiencia propia.


El artículo 210 A del Código Penal dice: “El que en beneficio suyo o de un tercero y valiéndose de su superioridad manifiesta o relaciones de autoridad o de poder, edad, sexo, posición laboral, social, familiar o económica, acose, persiga, hostigue o asedie física o verbalmente, con fines sexuales no consentidos, a otra persona, incurrirá en prisión de uno (1) a tres (3) años”.


Claramente dentro del artículo penal se incluye el acoso callejero, lo cual es un delito que nos indica que nadie tiene el permiso ni el derecho de ejercer el acoso sobre nosotras en ninguna de sus formas. Yo invito a todas las mujeres que han sido vulneradas física y/o verbalmente en las calles e incluso en lo más recóndito de sus hogares, a que pierdan el miedo de denunciar, es hora de que empecemos a establecer límites que no permitan nunca que nos agredan, o que hagan que perdamos el valor de nuestro autoestima.


Es para todos una gran responsabilidad cambiar esta realidad, comenzando con la educación de nuestros jóvenes y niños, inculcandoles el respeto por las personas, y el valor por las mujeres.
Y a ustedes mis queridos hombres, les quiero decir que sus comentarios desubicados en la calle, generan más terror y traumas que cualquier otra cosa.


No es justo que muchas veces tengamos que cambiar de ruta, de forma de vestir, de tener que dejar de frecuentar algunos espacios, solo para sentirnos más tranquilas y seguras, en un país donde se supone que hombres y mujeres podemos tener las mismas libertades.


No queremos sus comentarios sexuales, no queremos que nos toquen sin nuestro consentimiento, con usar una falda o short corto, no les estamos dando el permiso para que nos vean, toquen o morboseen.


Un hombre que hace comentarios sexistas en la calle para demostrar lo “macho” que es, lo único que hace es poner en evidencia su debilidad e inseguridad y la poca capacidad para cautivar a una mujer.

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Por Daniela Pastrana

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